19 agosto, 2012

Saluda a esta despedida

Último domingo

Esta semana que pasó nos bañaron 2 veces en el patio, el martes y el jueves, estábamos desnudos como de costumbre, fue unos minutos antes que saliera el sol. Debido a eso estoy muy enfermo, mi cuerpo es débil y mi alma lo es aún más. Cuando me cae el chorro de agua, el cuerpo se me entumece, tiemblo como perro enfermo; ah, también me cae una lágrima todas las noches, al recordarte. El sol se ríe de mi, porque estos meses ha decidido esconderse detrás de las nubes; se ríe porque no tengo su calor; porque tampoco tengo tu calor; porque ni siquiera tengo ni encuentro mi propio calor, y por eso muero.

Ya se me terminará el pedazo de carbón con el que siempre te escribo estas cartas; así que ésta será la última. Si, puedo ir a conseguir más carbón, pero... ¿Para qué? Han sido tantas las cartas que te he enviado todos los domingos que me desvanezco cuando me doy cuenta, en el transcurrir de la siguiente semana, que no responderás, ni vendrás, ni me recordarás.

Han sido 15 largos años, Ana, tan largos como el camino que me conduce a ti. Y lo sabes. Me siento como un león de circo, encerrado entre barrotes, humillado, queriendo salir para acabar todo y comerme el mundo. Pero soy cobarde.

Me mira desde algún lugar del universo o desde alguna instancia del tiempo ese sujeto alto y de sombrero, oculto en la oscuridad, en la neblina, las sombras. Siempre tan misterioso, peligroso, pero lento y ahora.. ahora muerto. Es increíble que esta mano que te escribió tantas cartas de amor, de espera y hoy, de despedida, haya sido la que puso fin a un hombre. Pero ya comprendo que esa es la vida.

¿Qué daño puede causar el cielo o una rosa? Mucho, más de lo que crees, hermosa. Pues del cielo vienen esos vientos secos que son caricias que lastiman, en él están esas nubes que nos tapan el sol, de día el cielo se vuelve un espejo que impide ver el universo y de noche se vuelve un manto de tinieblas que nos envuelven y asusta. La rosa te puede cortar la piel, sus pétalos intentan ser igual a tus labios, ese color de la rosa es el de la misma sangre, esa que nos hace saber que hemos cometido un crimen, que somos monstruos. ¿Qué daño te puedo causar yo? El daño infinito que causa el amor.

Ayer un guardia me dijo que la libertad me espera, faltan pocos días. No iré a buscarte, a mirarte ni a querer sentirte a mi lado. Tengo que buscarme yo mismo, mirarme por primera vez en la vida, profundamente, sentirme vivo... Pues también me han dicho que la muerte me espera, falta poco tiempo para encontrarme con ella. Espero que no te pongas celosa.

Mi cielo, mi rosa... Se terminó el papel. Ah, también se terminó el lazo que nos unía, el cual yo sostenía con más fuerza y vigor, mientras tu lo tenías con un dedo y los ojos cerrados. No importa. Ahora el delgado lazo cae sin retorno entre un abismo de olvido y pena. Allá estará mejor, no temblará tanto, por fin cayó. Ojalá estas palabras, como muchas otras veces, hagan crecer rápido enarbolar místicamente el fuego de tu chimenea.

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