08 agosto, 2013

El Cantor



EL CANTOR



A la memoria de Don Atahualpa Yupanqui,
quien fue primero hombre y después poeta [1]




En un lugar ausente en mapas,
hecho polvo, aridez y olvido
vivió hace muchos años, quizá siglos,
un caminante sin caminos fijos.

Hoy conozco su inhóspita historia
gracias a los pájaros y su silbido
que llegó a mí por el viento, como la hoja
que debe caer muerta del árbol envejecido.

Privado del don ilusorio de la vista
por contemplar demasiado un sol,
encontró que su voz endulzaba
a quien acudiera a conocer su canción.

Sus pies eran la huella
que más de un camino le marcó,
y en sus manos se dibujaba
la crudeza del paisaje desolador.

Un garrote fue su amigo, defensa y guía;
su lecho fue cualquier lugar
que tuviera algún perfume celestial
emanado por la tierra y la humanidad.

Y en aquél pueblo encontró el aroma
más crudo, solitario y precario;
luego de años descubrió bajo el fétido olor
que un titán dormía, dormía nada más.

No caviló demasiado ante el designio
que ahora profusamente le invadía
cada poro, cada vena, cada segundo
en que sentado veía agonizar a su pueblo.

Pasaba el inclemente tiempo
sin que nadie se percatara,
su curso indómito sembraba vestigios
de sueños, memoria y esperanzas.

En la noche le confesaba al viento
-único infalible cofre guardián de secretos-,
sus efímeros miedos y vagos sueños
en que algún día perdería la voz.

Una tarde antes que declinara la luz
se paró a la vista de todos, inmóvil.
Y de sus labios saltaron las palabras
que enardecieron corazones y miradas.

Chillido de grillos, maullar de gatos,
ladrido de perros, relincho de caballos,
todos ellos callaron con cuando él cantó,
todos ellos durmieron bajo aquella voz.

Y las mujeres brillaron tanto
que la luna triste se ocultó entre nubes,
y los hombres con henchido pecho
suspiraron como si hubieran renacido.

Su canto fue un símbolo de prodigio
que hizo brotan emociones inmensurables.
Fue asediado y aclamado en ovación
más este se alejó despacio con una sonrisa.

Pese a ser esta su única iluminación
fue el baluarte para cada uno,
pues no había jornada
en que no se le rememorara.

Una madrugada empapada de lluvia
fue el final para el ya viejo cantor,
en cuyos ojos cerrados soñó
un espejo que reflejaba el sonido.

Pues para él desaparecía la penumbra
y se poblaba todo de resplandor,
con tan sólo oír la melodía
que emana un río, un bosque,

un bichito oculto, un viento rugiente;
o la que él mismo enseñó:
la de un pueblo sagaz coreando
el unánime himno del amor.



[1] "Lo primero es ser hombre y lo segundo poeta", es un fragmento de la letra de su canción El Poeta.





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